REFLEXIONES Y entonces, te das cuenta…

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Lo escuchas quejarse. No es un llanto, son ruiditos, chasquidos de lengua. Unos “mmm” quejosos, suaves, dormidos. Entreabriendo los ojos, mirás la hora en el teléfono: son las 5:07 am. Apenas dormiste, te despertaste hace menos de 2 horas y ahora, otra vez. Estás tan cansada… Te vuelven a despertar esos ruiditos que te derriten el corazón. Respirás hondo y te levantas.

Hay silencio en la casa y, afuera, la ciudad duerme todavía… Caminás descalza, en silencio, sin encender la luz. Lo levantás y ya con sentir tu contacto, tu calor, tu olor, se tranquiliza. Y vos también.

Sentada con tu bebe en brazos, bostezas y no podés creer que en el mundo haya gente que por decisión propia se despierta a esta hora “mágica”. Con lo lindo que es dormir de corrido toda la noche… Volveré a dormir algún día?, pensás ahogada de sueño. Bostezas otra vez y ahí lo ves, tan chiquito, comiendo, entregado y aislado del mundo porque está en SU mundo. Porque vos sos su mundo. Y otra vez, el amor te desborda el corazón y te sentís mala madre por quejarte del sueño. Pero, en serio, que sueño!

En ese instante, te reís sola, con ternura por vos misma, porque te diste cuenta de que estos despertares que interrumpen tu sueño no serán para siempre y que dentro de no mucho tiempo, te costará horrores despertarlo para ir al colegio.

Que esos breves instantes de conexión, de encuentro, son un regalo para él y para vos.

Que tu vida cambio para siempre. Y que pronto, aunque no quieras, volverá a cambiar.

Las luces del alba empiezan clarear los techos de los edificios vecinos. En apenas una hora y media, suena el despertador y comienza un nuevo día.

“Programate una siesta a la tarde”, pensas irónica. “Esta noche tampoco vas a dormir de corrido…”

 

Beautiful photo by @yucel.moran on @unsplash

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